popea. Universitat Herbal. Xismes de pintoras
- Espacio:
- Espacio D
- Inauguración:
- Artista:
- popea
- Comisariado:
- Cristina Anglada
«Y al entrar en el portal he sentido que el agua me tocaba
con sus historias de mundos antiguos y de ahora.
Con los ojos abiertos bajo el mar turbio veía masas de algas y cuerpos vivos y muertos.
Espíritus y peces.
El mar es el portal.
Universitat Herbal»
— popea
popea construye un laberinto poroso, sensible al paso del aire y a la resonancia de las voces. El recorrido se llena de accesos, salidas y recovecos que, en su estado roto-abierto, invitan a deambular por un paisaje mental tejido con memorias, ficciones y conversaciones.
«Universitat Herbal. Xismes de pintoras» se presenta como una constelación de relatos íntimos sobre la pintura. Nada se construye en soledad: la figura de la pintora se desplaza en el tiempo y desborda los límites de la historia única. Desde ese no-lugar, ella recuerda.
El proyecto plantea también la pregunta: ¿qué hubiera sido si…? El futuro se reescribe desde el presente para imaginar otros pasados posibles.
Durante el verano de 2025, popea organizó el Campamento Jeleton junto al colectivo homónimo y Rafael Martínez del Pozo (registro audiovisual), en su casita de Es Pinaret. La intensa convivencia desplazó la práctica individual ‒pintura, diarios‒ hacia un hacer colectivo, impulsado por la conversación. Brotan retazos y evocaciones sobre la arqueología del deseo de ser artista: la fascinación y decepción al llegar a una facultad de Bellas Artes española en los años noventa. El río de la memoria arrastra y devuelve fragmentos a un mar turbio, convertido en portal. Los baños en el mar suspendían el ensimismamiento y transformaban el agua en pasaje hacia otros mundos. Los recuerdos surgían como un derrumbamiento inevitable, y al verbalizarse se convertían en algo compartido, de muchas. Lo que se recuerda se vuelve real; lo que se cuenta nos transforma.
Al entrar al espacio, encontramos telas teñidas con elementos orgánicos y naturales. Sus imágenes, oxidadas, evocan recuerdos y pensamientos. Los sonidos nunca coinciden del todo con lo que se ve: un texto leído interfiere en la imagen; los recuerdos interrumpen la escena y juntos se despliegan, repitiéndose como un hechizo. La sala se convierte en un lugar de encuentro y escucha. Sobre la mesa, los libros, que reflejan la genealogía de escritoras que han acompañado y estructurado este proyecto.
El antiguo edificio de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca aparece ahora como una imagen congelada, devorada por la vegetación: un bosque interior que recorremos atentamente, con la tranquilidad de que todo está en pausa, ya ha muerto. Dentro del laberinto, una línea se repite: un garabato que recorre la superficie del papel, como zarzas que impiden ver lo que deseamos recordar, alertando del peligro que velan. Esta denuncia genera rupturas en la corriente emocional que sostenía la norma del grupo. De esa ruptura emergen nuevas posibilidades: reorientar la atención, reorganizar la colectividad en torno a la justicia y la vulnerabilidad compartida, aunque generando incomodidad. ¿Qué historias surgen al realizar la denuncia?
En la mesa de la cocina, los chismes y las confesiones se convierten en trazos que rompen y reabren el espacio. Cada gesto y cada palabra actúa como un pequeño acto de resistencia para reconocer la fragilidad e imaginar nuevas formas de convivencia.