Fabrizio Plessi. Digital Splash
- Cuándo:
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Inauguración: 15 de septiembre de 2026, 20:30 h
- Espacio:
- Museu de Mallorca, Palma
- Comisariado:
- David Barro y Jackie Herbst
Fabrizio Plessi siempre consiguió dotar sus trabajos de una elasticidad emocional por su capacidad de observar la fisicidad de cada material. Su conciencia histórica, sus recuerdos y una aproximación a elementos naturales esenciales como el agua o el fuego han aportado gran singularidad a su trabajo, ya sea desde la paradójica complejidad que puede nacer de un lápiz o del uso sin complejos de una tecnología que le ha permitido medir el espacio y aprehenderlo al auscultar el trasfondo político o social de su contemporaneidad. Lo advertimos en «Digital Splash», exposición en el Museu de Mallorca fruto de la colaboración entre Es Baluard Museu y el Consell de Mallorca en el marco de BIENNAL B, en la que presenta una gran videoinstalación y una serie de dibujos titulados Black Splash.
Todo es fruto de una insistencia: cada minuto cae una roca sobre una escultura, rompiéndola: el agua de la escultura sale así desafiando toda lógica. Pero la obra en sí misma también sale de su esquema físico a través de la inteligencia artificial. Una vez más, Plessi experimenta con la forma y el material, siempre con la conciencia de humanizar la tecnología y generar tensiones desequilibrantes. Tampoco la repetición es aquí únicamente objeto de las planchas que se quiebran, sino también de los espacios de las ventanas, que se repiten y se encadenan con sus respectivas pantallas LED. Es la medida del abismo de una vida que se desborda de manera ininterrumpida. La sensación es abrumadora, inmensa. No hay retórica, pero sí una irremediable inmersión metafórica, que nos interpela en lo físico y se impone en lo mental en su dimensión fractal. La imagen se lleva a una situación extrema y conforma un lugar propio. El espectador ha de dejarse conducir por la imagen y tener la capacidad de transitar o aproximar sus distintas escalas. Fabrizio Plessi nos aboca a una fisura en nuestra percepción. No hay certezas. Es el lenguaje como desencuentro, como sombra líquida, como penetración en lo indecible. La imagen se extenúa. El agua se insinúa. El tiempo es líquido. El territorio se quiebra.
Mientras, en sus dibujos, que permiten revelar el proceso creativo del artista al tiempo que poseen una entidad propia, Fabrizio Plessi nos lleva a distintos órdenes de una misma sensación. En ellos nunca descuida cuestiones de estilo ni de equilibrio compositivo. El encuentro siempre es inesperado e imprevisible. La fisicidad del dibujo también consigue desbordar los límites en una suerte de barroquismo que se desenvuelve como el eco singularizado de una misma señal acústica. Lo dibujado, lo borrado, lo salpicado, lo medido… Estos dibujos son una suerte de traducción del escenario del pensamiento del artista que el espectador debe reconstruir y amplificar para revelar zonas oscuras y secretas en las que esconde la idea protegida, en una especie de palimpsesto intersticial. Mientras, grandes planchas de hierro negro continúan cayendo y salpicando de una manera espesa, densa, ambigua y fragmentaria hasta producir un enigmático dislocamiento espacial. Y detrás de todo está el territorio de la vida, que nos salpica cíclicamente, aunque todavía haya que insistir en la importancia de verlo y cuidarlo todo con mayor intensidad.
Fabrizio Plessi (Reggio Emilia, Italia, 1940 – Venecia, 2026) es una figura pionera del videoarte y la instalación. Su obra, desarrollada desde finales de la década de 1960, explora la relación entre naturaleza y tecnología, con el agua y el fuego como algunos de sus motivos centrales. Entre sus exposiciones y proyectos más destacados se encuentran la Bienal de Venecia, en diversas ediciones (1970, 1972, 1976, 1980, 1986, 1993 y 2011); documenta 8, Kassel (1987); Centre Pompidou, París (1982); Musée d’Art Moderne de Lille Métropole, Villeneuve-d’Ascq (1984); Kunsthistorisches Museum, Viena (1998); Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York (1998); Museum of Contemporary Art, San Diego (1998); Scuderie del Quirinale, Roma (2002); Martin-Gropius-Bau, Berlín (2004); Museo Correr, Venecia (2001, 2020); Piazza San Marco, Venecia (2020) y Palazzo Reale, Milán (2023), entre otros.
A lo largo de su trayectoria recibió numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla Miró de la UNESCO (1993) y el Kunstpreis der Norddeutschen Landesbank (1999). Su obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas.
Desarrolló también una extensa trayectoria docente, vinculada especialmente a la experimentación con las nuevas tecnologías y los lenguajes audiovisuales. Fue uno de los fundadores, en 1989, de la Kunsthochschule für Medien Köln (KHM), en Colonia, donde fundó la Cátedra de Escenografías Electrónicas. En 1994 fundó asimismo la Cátedra de Escenografías Electrónicas, de la que fue titular. Su práctica artística se ha extendido asimismo al teatro, la arquitectura y el espacio público.