Es Baluard Museu

Olimpia Velasco. Claros del bosque (Bell-ver)

Olimpia Velasco, Claros del bosque , 2026 (detalle). Instalación. Conjunto de nueve aros dobles de tablero marino de ocume con hilo de nailon. Dimensiones variables. © de la obra: Olimpia Velasco, VEGAP, Illes Balears, 2026. Fotografía: cortesía de la artista
Espacio:
Espacio D
Inauguración:
Artista:
Olimpia Velasco
Comisariado:
Javier Peñafiel

Olimpia Velasco ha producido una instalación específica, que parte de la idea de esfericidad y belleza, descrita por María Zambrano en Claros del bosque.

La convivencia de Olimpia con el bosque, lugar de protección frente al daño, es prioritaria, habitual, muy deseada.

La instalación es el resultado de momentos de extrema atención al tejido sonoro y visual del bosque. A partir de secuencias fotográficas y un proceso de anotación no jerarquizado, la artista pinta, como si tejiera, unos hilos que deposita en aros. Llevando a lo vertical la idea del claro, las ahora esferas nos hacen saltar fuera de los círculos viciosos que conllevan pérdidas de experiencia.

Son trabajos multiescala, tan interdisciplinares como las interacciones ecológicas.

Olimpia Velasco activa el cubo blanco como un latido del bosque, un lugar de olfato entre aromas, escuchas entre filología, cuidados exentos de control. La artista celebra la idea de que la belleza es posible en la esfericidad.

¿Quién piensa el daño? Olimpia lo hace, en los vértices y las esquinas del cubo blanco, que no existen en el claro del bosque. Olimpia deposita un peso táctil y biológico pero que pasa desapercibido; son sacos de semillas que se camuflan en los suelos de la sala, al igual que la historia de la tierra está camuflada en los anillos de los árboles.

Entre el hilo pintado y el anillo del árbol se dan los niveles del bosque.

Desde hace mucho tiempo, el arte ensaya formas nuevas de intercambio, una crítica transversal de la razón poética, como porvenir de nuestras nuevas relaciones con los objetos y con el mundo. En tanto que volúmenes en la corteza terrestre, nos dimensionamos mediante infinitas relaciones de parentesco o de ternura.

Artistas de larga trayectoria, como Olimpia Velasco, dibujan atlas de sabidurías de la generosidad, en una suerte de optimismo preventivo frente al fatalismo de la especie, desde la cultura del ecofeminismo.

Olimpia no renuncia nunca a la experiencia de la pintura como revelación y duración; su actitud minimalista hace que su práctica no sea fósil, en el sentido de que lo innecesario no se formaliza, no tiene lugar.

Descubro referencias entre los trabajos y no al contrario. Una cantidad que no olvida el 1 a 1, la supervivencia colaborativa de Anna Tsing relatada con los estudios de los anillos de la madera de Valerie Trouet, los nuevos modos de intercambio que Kojin Karatani plantea para el mundo y la razón poética con la que Zambrano escribió la vida.

La preocupación de Velasco se distribuye como lo hace la poesía, ampliando la experiencia de un mundo donde la especie humana se vuelve suave, adquiere todos los colores del bosque.

Olimpia instala dos sacos cilíndricos, coloreados desde los tonos de la luz más clara de las capas más altas del bosque hasta los de la materia en descomposición.

El sonido que ha grabado en el bosque aparece en la sala, presentado para una escucha situada y solitaria junto a cordilleras talladas en madera, del espectro de sonidos del bosque.

 

Olimpia Velasco (Madrid, 1970) es licenciada en Bellas Artes por la UCM. Realizó el segundo curso de doctorado en T.E.I. Athinon, Atenas. Es diplomada en Diseño Gráfico por el CENP de Madrid.

Su trabajo reúne la pintura con la instalación; muchas de sus propuestas son relacionales y están vinculadas a la experiencia de comunidad. Entre sus exposiciones individuales destacamos: «(des)HABITAR» (2025), en el Palacio Quintanar, Segovia; «Especies Vagabundas», en Kaplan Gallery, Palma (2025); «Geodesia», en las salas anexas al Aljub de la Misericòrdia, Palma (2024), y en el Instituto Geográfico Nacional, Madrid (2022); «Muntanya Roja», en la iglesia del Convento de San Domingo – Museu de Pollença, Mallorca (2023); «Algunas cosas que vuelan por el mundo», en Galería Nueva, Madrid (2021); «La Montaña Mágica» en la Galería Maior de Pollença (2020), en el Bai & Yun Art Museum de Moganshan, China (2019), y en la galería We COLLECT Madrid (2019); «La Partida (acción de peso)» en la iglesia del Convento de San Domingo – Museu de Pollença, Mallorca (2018); «La Oscuridad», en Espai Dipòsit del Casal Solleric de Palma (2018); y «Friluftsliv», en el Palacete del Embarcadero de Santander y en la Galeria Maior de Palma y Pollença (2017).

Destacan sus intervenciones en espacios públicos como: Efecto Mariposa, en la Embajada de España en Bruselas; Floating in the air, en el aeropuerto de Düsseldorf y el proyecto Antes del vuelo, en la ciudad de París.

Ha recibido becas para residencias artísticas en Francia, Italia y China, por parte del Ministerio de Cultura, del Ministerio de Asuntos Exteriores y del IEB.

Sus obras están presentes en colecciones como la Colección Pilar Citoler, la Colección DKV, Es Baluard Museu, la Colección Diezy7 (Swab Barcelona), el Instituto Geográfico Nacional y el aeropuerto de Düsseldorf, entre otras.

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